30 de junio de 2016

"Los diez mandamientos del matrimonio"


Un equipo de psicólogos y especialistas americanos, que trabajaba en terapia conyugal, elaboró los Diez Mandamientos del Matrimonio.

1. Nunca enfadarse al mismo tiempo.

A toda costa evitar la explosión. Cuanto más complicada es la situación, más necesaria es la calma. Entonces, será preciso que un de los dos accione el mecanismo que asegure la calma de ambos ante la situación conflictiva. D. Helder Câmara tiene un bonito pensamiento que dice: “Hay criaturas que son como la caña de azúcar, incluso puestas en el molino, aplastadas, reducidas a pulpa, sólo saben dar dulzura…”

2. Nunca gritar uno a otro.

A no ser que la casa esté ardiendo.

Quien tiene buenos argumentos no necesita gritar. Cuanto alguien más grita, menos se le escucha.

3. Si alguien tiene que ganar en una discusión, dejar que sea el otro.

Es preciso que el matrimonio tenga la determinación de no provocar peleas; no podemos olvidar que basta una pequeña nube para esconder el sol. A veces una pequeña discusión esconde por muchos días el sol de la alegría en el hogar.

4. Si fuera inevitable llamarle la atención, hacedlo con amor.

La otra parte tiene que entender que la crítica tiene el objetivo de sumar y no de dividir. Sólo tiene sentido la crítica que sea constructiva; y esa es amorosa, sin acusaciones ni condenaciones.

5. Nunca echar al otro en cara los errores del pasado.

La persona es siempre más que sus errores, y a nadie le gusta ser caracterizado por sus defectos.

6. La displicencia con cualquier persona es tolerable, menos con el cónyuge.

En la vida a dos todo puede y debe ser importante, pues la felicidad nace de las pequeñas cosas. La falta de atención para con el cónyuge es triste en la vida del matrimonio y demuestra desprecio para con el otro. Sé atento a lo que el otro dice, a sus problemas y aspiraciones.

7. Nunca ir dormir sin haber llegado a un acuerdo.

Los problemas de la vida conyugal son normales y exigen de nosotros atención y valor para enfrentarlos, hasta que se solucionen, con nuestro trabajo y con la gracia de Dios. La actitud de avestruz, de fuga, es la peor que existe. Con paz y perseverancia busquemos la solución.

8. Por lo menos una vez al día, decir al otro una palabra cariñosa.

Muchos tienen reservas enormes de ternura, pero olvidan expresarlas en voz alta. No basta amar al otro, es preciso decir esto también con palabras.
Son importantes esas expresiones de cariño que hacen crecer al otro: “te amo”, “eres muy importante para mí”,  “sin ti no habría conseguido vencer este problema”, “tu presencia es importante para mí”; “tus palabras me ayudan a vivir”… Di esto al otro con toda sinceridad y experimentarás lo importante que es.

9. Si cometes un error, saber admitirlo y pedir perdón.

Admitir un error no es una humillación. La persona que admite su error demuestra ser honrada, consigo misma y con el otro.  Actuando así, incluso nuestros errores y caídas serán momentos para nuestra maduración y crecimiento. Cuando tenemos el valor de pedir perdón, venciendo nuestro orgullo, eliminamos casi en seguida el motivo de conflicto en la relación, y la paz vuelve a los corazones.

10. Cuando uno no quiere, dos no pelean.

En la sabiduría popular la que enseña esto. Será necesario entonces que alguien tome la iniciativa de romper en círculo vicioso que lleva a la pelea. Tomar esta iniciativa será siempre un gesto de grandeza, madurez y amor.
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Del libro: ‘Família, Santuário da Vida’, Prof. Felipe Aquino

EL AMOR CONYUGAL Y SUS NOTAS ESENCIALES


29 de junio de 2016

"Consejos"


Leemos en Aleteia buenos consejos para mantener vivo el "romance" en el matrimonio:
Estar SIEMPRE en comunicación. Ya se trate de discutir sobre los estilos de educación o sobre cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que pudisteis compartir un momento íntimo, hay que ser abierto y honrado. “Comunicación es la clave”, puede ser un cliché, pero son palabras que hay que vivir. Si tienes algo que decirle a tu cónyuge, hazlo. No lo escondas, porque crece y se corrompe y puede provocar una explosión.
Cuando llegue el momento de hablar, hazlo de forma agradable. No hagas una lista de culpas y la eches de golpe sobre el otro. A nadie le gusta ser atacado. Esta es una razón más por la que hablar cuando algo no va bien. Y si es posible hacerlo de una manera adecuada. Esto hace que el golpe se minimice.
Pon a tu cónyuge primero. A pesar de haber aprendido desde el jardín de infancia a compartir, seguimos siendo seres egoístas. Queremos lo que queremos cuando lo queremos. Tecnología y sociedad como conjunto no son de ayuda para romper esta costumbre, pero el funcionamiento feliz de la familia excluye totalmente el egoísmo.

Pregúntate siempre ¿qué es lo que a mi cónyuge le hace feliz? ¿Qué le apetece comer? ¿qué película le apetecería ver? ¿o qué postre para compartir elegiría en un restaurante? Deja a tu cónyuge que elija. Tener a tu cónyuge feliz te hace a ti feliz. Deja que su felicidad te traiga felicidad.

ALIANZA DE AMOR– Hermana Glenda


28 de junio de 2016

Los consejos del Papa Francisco para celebrar bien el Matrimonio


El pasado 14 de febrero, Papa Francisco dio una serie de consejos sobre cómo celebrar bien el matrimonio católico y precisó que, si bien es una fiesta, ésta debe ser siempre cristiana y no mundana, en donde los novios se preocupen de lo que es verdaderamente importante para que lo exterior hable siempre de la presencia del Señor.
A continuación y gracias a Radio Vaticano, los consejos del Papa Francisco en respuesta a una pregunta al respecto, en la Plaza de San Pedro en el encuentro con más de 20 mil novios de distintas partes del mundo:
“Hagan de modo que sea una verdadera fiesta, porque ¡el Casamiento es una fiesta, una fiesta cristiana, no una fiesta mundana! El motivo más profundo de la alegría de aquel día lo indica el Evangelio de Juan: ¿Recuerdan el milagro de las bodas de Caná? A un cierto punto el vino se acaba y la fiesta parece arruinarse. Imagínense terminar la fiesta tomando té… No, no va! ¡Sin vino no hay fiesta! Por sugerencia de María, en aquel momento Jesús se revela por primera vez y da un signo: transforma el agua en vino y, con eso, salva la fiesta del casamiento.
Cuanto ha sucedido en Caná, dos mil años atrás, sucede en realidad en cada fiesta nupcial: eso que hace lleno y profundamente verdadero vuestro matrimonio será la presencia del Señor que se revela y dona su gracia. Es su presencia que ofrece el ‘vino nuevo’, y es Él el secreto de la alegría plena, aquella que entibia realmente el corazón. ¡Es la presencia de Jesús en aquella fiesta! ¡Pero que sea una bella fiesta, pero con Jesús! ¡No con el espíritu del mundo! ¡No! ¡Aquello se siente, cuando el Señor está allí!
Al mismo tiempo, está bien que vuestro matrimonio sea sobrio y haga resaltar aquello que es realmente importante. Algunos están más preocupados por los signos exteriores, por el banquete, por las fotos, por la ropa, por las flores… son cosas importantes en una fiesta, pero sólo si son capaces de indicar el verdadero motivo de vuestra alegría: aquella bendición del Señor sobre vuestro amor.
Hagan de modo que, como el vino de Caná, los signos exteriores de vuestra fiesta revelen la presencia del Señor y les recuerden a ustedes y a todos los presentes el origen y el motivo de vuestra alegría.
Pero hay algo que tú has dicho y que quiero tomar al vuelo, porque no quiero dejarla pasar. El matrimonio es también un trabajo de todos los días y podría decir un trabajo artesanal, un trabajo de orfebrería, porque el marido tiene la tarea de hacer más mujer a su mujer y la mujer tiene la tarea de hacer más hombre a su marido. Crecer también en humanidad, como hombre y como mujer. Pero esto se hace entre ustedes. Esto se llama crecer juntos.
¡Pero esto no viene del aire! El Señor lo bendice, pero viene de vuestras manos, de vuestras actitudes, del modo de vivir, del modo de amarse.¡Hacerse crecer! Siempre procurar que el otro crezca. Trabajar para esto. Y así, no sé, pienso en ti, que un día andarás por la calle de tu país y la gente dirá: ‘pero mira aquella, ¡que linda mujer!’… ‘¡se entiende, con el marido que tiene!’. Y es esto, llegará a esto: hacernos crecer juntos, uno al otro. Y los hijos tendrán esta herencia de haber tenido un papá y una mamá que han crecido juntos, haciéndose – uno al otro– ¡más hombre y más mujer!”